[Texto] Sobre la necesidad de una revolución social autónoma


Este texto es una herramienta, utilízala como mejor sepas. No queremos que se quede en una reflexión interna de personas que ya se la saben de memoria, sino que buscamos que las personas que están interesadas en el cambio social pero se quedan en una crítica insuficiente tengan elementos de reflexión. En suma se trata de evidenciar que la destrucción del sistema no es un asunto de acudir a cuatro manifestaciones y poco más, sino que será fruto de un continuo flujo de acción organizada, en crecimiento y reflexionada.



SOBRE LA NECESIDAD DE UNA REVOLUCIÓN SOCIAL AUTÓNOMA

Hace ya años que la sociedad de los países económicamente ricos no se muestra consciente de los problemas que le aquejan y de los que provoca en otros países. Las personas que hace un tiempo nos comprometimos con el cambio total del mundo encontramos un obstáculo importante en la ignorancia mayoritaria, causada por una indiferencia inculcada gracias a la vida “fácil” pero absurda y vacía. Una sociedad donde todo, incluyendo las personas, son mercancías (vendemos nuestro trabajo, nuestra estética, nuestro tiempo, etc. por un precio), no merece nuestro respeto. Es por eso que en este texto intentamos plasmar las diferentes motivaciones que nos llevan a la lucha, así como los principios que la rigen. Este texto es una herramienta, utilízala como mejor sepas. No queremos que se quede en una reflexión interna de personas que ya se la saben de memoria, sino que buscamos que las personas que están interesadas en el cambio social pero se quedan en una crítica insuficiente tengan elementos de reflexión. En suma se trata de evidenciar que la destrucción del sistema no es un asunto de acudir a cuatro manifestaciones y poco más, sino que será fruto de un continuo flujo de acción organizada, en crecimiento y reflexionada.


Partiremos de la siguiente base: el ser humano busca la felicidad. Esto es así en tanto en cuanto busca el placer y huye del dolor desde tiempos inmemorables. Tampoco entendemos la vida sin dolor, pero la huida de este es el que motiva la mayor parte de la actividad humana. Lo hemos decidido los mismos humanos en nuestra interacción con el mundo natural del que extraemos lo necesario para satisfacer nuestras necesidades y en nuestra interacción con la sociedad, con la que intercambiamos afecto, apoyo, cultura, etc. El estudio de los diferentes grados de felicidad buscados están fuera de las intenciones de este texto debido a que pertenecen al dominio subjetivo de cada ser.



En tanto yo busco mi felicidad personal, puedo actuar de forma injusta contra otra persona. Sin embargo, esta no es una felicidad real ni siquiera para mi persona, ya que daría legitimidad a la toma de represalias contra mí, y en cualquier caso, sentaría precedente para que otros obrasen de la misma forma sobre mí y los demás. Llegamos así, de forma muy esquematizada, a una serie de presupuestos sin los cuales no puede existir la felicidad humana:


-La libertad. Término extremadamente complicado de definir, y que, sin embargo, todo el mundo sabe lo que significa en cierta manera. La libertad nos permite elegir entre las diferentes posibilidades que se abren delante nuestro en cualquier campo sin manipulación o coerción de ningún tipo. Si esa libertad de elegir es restringida se cierran algunas de las posibilidades que nos harían ser como quisiéramos ser, es decir, al eliminar opciones limitamos nuestra autorrealización. Nuestra libertad, al contrario de lo que mayoritariamente se piensa, no acaba donde empieza la de los demás, sino que se extiende con ella: “La libertad individual de cada hombre se realiza y hace posible solamente mediante la libertad colectiva de la sociedad de la que forma parte el hombre en virtud de una ley natural e inmutable” [1]. La libertad, por tanto, si no se extiende a toda la sociedad y se queda en la libertad individual, nos limita a una vida fuera de nuestra elección puesto que las relaciones sociales no son naturalmente libres, sino artificialmente restringidas. Este es el caso que se ha vivido hasta la actualidad desde el Neolítico aproximada y simplificadamente. Mantenemos un sistema que mediante el fomento de la competencia elogia el individualismo egoísta, convirtiendo nuestras vidas en la perpetua imitación de estereotipos ideales que no se corresponden con la autorrealización que hubiésemos creado en base a elecciones no condicionadas. Así, el sistema actual nos hace infelices en el contenido mientras nos crea la necesidad de buscar la forma que siempre se encuentra vacía. Nos limitan las elecciones presentando las opciones que les interesan para la perpetuación del orden social dominante, mientras se eliminan o reducen las demás. Esta eliminación de posibilidades se puede observar, por ejemplo, en la reducción a únicamente dos géneros: hombre-mujer (con sus patrones de conducta preestablecidos).


-La justicia. Para Aristóteles, “la justicia social puede definirse como una igualdad. Pues la injusticia es una desigualdad” [2]. Entendemos la concepción de Aristóteles un tanto limitada, ya que excluye otra utilidad de la justicia que se conjuga con la que aduce el filósofo y que también es absolutamente necesaria. Nos parece que enmarcar la justicia a la obtención de la igualdad exclusivamente es limitar el terreno en que se mueve el ser humano. La utilidad a la que nos referimos consiste en que al vivir en sociedad, y al no estar demostrado en absoluto que el ser humano sea bueno por naturaleza, requerimos de una serie de herramientas que garanticen la libertad y la igualdad. La justicia es, entonces, ese conjunto de herramientas. Si se asegura la libertad colectiva se debe asegurar también la individual y por tanto se da paso a la igualdad, sin la cual la libertad no tiene lugar. Sin embargo, en la actualidad, la justicia es una institución separada de los objetivos que supuestamente la rigen debido a la promulgación de leyes. Estas últimas generalizan los acontecimientos e imponen unas penas estipuladas, dejando de lado cualquier tipo de justificación que pueda convertir lo normativizado como “crimen” en un acto de justicia real. Al establecer un marco cerrado alejado del contexto concreto no se consigue sino una “justicia” en desacuerdo con el ser humano. Las cárceles son el resultado de este callejón sin salida, la cúspide de la montaña que se creó al confundir la justicia con la venganza. En ellas se encierra en su mayor parte a las personas que han cometido una “injusticia” contra un sistema injusto, eliminando su libertad, convirtiendo la justicia carcelaria en un castigo antinatural e irracional que empezó a aplicarse en el siglo XVII con los llamados “locos” [3]. No tiene sentido negar que hay actos que merecen ser subsanados, corregidos o castigados, pero la justicia, al igual que la libertad tiene que ser colectiva, puesto que esta defiende la libertad de la sociedad entera y afecta a su totalidad. Al afirmar que afecta a la sociedad entera nos referimos a que no siempre hay un “culpable” sin más, sino un ente individual influido por un entorno social, teniéndose en cuenta los dos factores. Se deben encontrar los medios para que la justicia sea establecida en cada caso concreto por las personas pertinentes, es decir, que sea popular y realmente justa. La Justicia actual se plantea desde una relación de poder, donde el juez está por encima de las dos partes contendientes, la verdadera justicia excluye cualquier tipo de desigualdad y de autoritarismo en su procedimiento. La cuestión es construir una ética que no se configure como inmutable y que recoja la voluntad de las personas que la han formado, es decir, de toda la colectividad.


Entendemos que el sistema es incapaz por su propia inercia de proporcionarnos estos marcos de libertad y justicia. En cualquier momento en que una o varias personas se sitúan por encima de otras se genera la falta de estos dos factores. Por ello, una sociedad que potencia comportamientos en su contra debe ser rechazada.


De la colectividad igualitaria se separó en su momento la autoridad de los jefes [4] que más tarde se convertiría en Estados modernos. La economía por su parte provocó la división del trabajo a partir de la Revolución Industrial y con ella la alienación del trabajador del producto que fabricaba. La burguesía (sector económico) y los Estados modernos (sector político) se confunden desde el siglo XIX creando una estructura de poder político y económico alejado de las bases sociales. El ser humano pasaba de ser esclavo en monarquía a ser mercancía en democracia, vendiendo su fuerza de trabajo al mejor postor, obteniendo un beneficio por ello y rigiéndose por las leyes de la oferta y la demanda [5]. Además la Revolución Francesa abría el largo camino que llevó al sufragio universal, los que se veían perpetuamente dominados podían elegir a sus dominadores. Esta última idea, llevada hasta nuestros días, ha evolucionado de forma que hace entender que votar es un ejercicio de libertad. Con los condicionamientos sociales existentes dudamos de dicha afirmación.


Actualmente, los términos y sus contenidos han cambiado, entre la burguesía y el proletariado se encuentra un abanico de clases sociales heterogéneas que difuminan tanto a una como a otra, mientras que el Estado monárquico ahora es Estado de bienestar. La Historia Contemporánea se define por la lucha entre el sector económico y el político para liderar la influencia sobre la población, que va dando bandazos en una nave que no pilotan.


Tras este brevísimo resumen, deducimos que las estructuras económicas y estatales, que la globalización está obligando a generalizar en todo el mundo, se sitúan por encima de las personas sobre las que dichas estructuras actúan. La separación cada vez es más amplia y que la mayoría de la población tome las riendas de sus decisiones es cada vez más difícil.


Estas estructuras se allanan el camino una a la otra constantemente en su avance por el dominio. En los tiempos de crisis económica el Estado ayuda a la economía, mientras que la economía en su época neoliberal ayuda a aumentar las influencias de los Estados en países ajenos. Las consecuencias sociales de todo esto son obvias: hambre en el Tercer Mundo, guerras, creación de necesidades de consumo, represión de lo disidente, manipulación mediática, estupidez social, etc. Además de la comercialización de todas estas consecuencias nefastas (ONG’s con gente a sueldo, privatización de centros penitenciarios, grandes empresas publicitarias...) no hay que olvidar la capacidad del sistema de gestionarlas para su provecho político (pequeñas reformas que mejoran el arte de la dominación).


En este sentido, y relacionándolo con lo dicho anteriormente, es obvio el recorte de la libertad y de la justicia bajo un sistema que desconoce la vida cotidiana de la población pero que al mismo tiempo la domina. En realidad no hace falta toda esta justificación para darse cuenta, únicamente es necesario rendirse ante la evidencia. Esto último no es tan sencillo ya que el exceso de información supone desinformación. La habilidad de esconder y maquillar se complementa con la habilidad de distraer. Es así como los Estados mantienen en el seno de la sociedad debates absurdos y carentes de importancia real, mientras que las decisiones importantes se toman sin el conocimiento de los afectados.


Lo que pretendemos desmitificar es la legitimidad de ciertas personas para afectar la vida de las restantes. No vemos justificado ninguno de los argumentos (históricos, antropológicos, económicos, humanistas, marxistas, etc.) que abogan por la perpetuación de las estructuras anteriormente mencionadas: el Estado bajo un prisma económico capitalista, es decir, el Estado Capitalista.


Son estos motivos, añadidos a los más evidentes y cotidianos, los que llevan a muchos y muchas a buscar los medios para alcanzar la felicidad atravesando el muro impuesto por el sistema a modo de defensa. Muchas han sido las formas de lucha a través de la Historia, nuestra postura intenta recoger los elementos que se han mostrado eficaces en los momentos pasados.


Entendemos que si nos atenemos a la definición dada de libertad anteriormente, la sociedad no puede ser más que lo que las personas que la componen quieren que sea. Una serie de elementos impiden que las personas se relacionen entre ellas de la forma que más les convenga, haciendo supuestamente necesaria la función de poder separado de la población. A modo de ejemplo ponemos tres:


-El dinero. Porque separa al productor de su producto (alienación) mediante el salario, sin el dinero no se puede sobrevivir en la actualidad, esto implica una obligación a trabajar bajo condiciones que nosotros no decidimos. Aceptar el dinero como instrumento intermedio de intercambio (trabajo-salario-producto en lugar de trabajo-producto) supone dar legitimidad al robo de nuestras creaciones, ya que de nuestro trabajo se obtienen beneficios. Sin el dinero no nos sería obligatorio vender nuestra fuerza de trabajo, sobre la que se mantiene todo el sistema, y la obtención de lo necesario para la vida cambiaría de óptica. La gestión de los productos obtenidos de la naturaleza deben tomar así la forma de la autogestión, frente a la gestión ajena e impuesta, la autogestión, decidida libremente y que toma las formas adecuadas a la diferentes situaciones en función de las circunstancias se adapta más a la libertad humana. De este modo, serían las personas las que decidan qué, cómo y cuánto producir bajo criterios de necesidad y no de beneficio.


-Sindicatos y partidos. Debido a que se sitúan al frente de las reivindicaciones por ambiciones particulares. Los sindicatos venden las luchas de los trabajadores pactando con sus supuestos enemigos, se adelantan a lo que podría ser un conflicto real, que pueda despertar la conciencia del combate contra los que sólo buscan beneficio de nosotros y nosotras, es decir, prevén y desarman una lucha que pueda desenmascarar la lógica capitalista del robo.“En la actualidad, la práctica sindical se limita a la representación de intereses ligados a fracciones (trabajadores fijos de grandes empresas y funcionarios públicos) de una clase trabajadora en total desarticulación” [6]. Por su parte los partidos se han convertido en empresas que venden un producto, las mentiras son las mismas que las de cualquier publicidad, y sus únicos intereses son el beneficio económico y social al margen de su ideología; a nadie debe sorprender sus casos de corrupción y engaño. Los objetivos implícitos de ambos tipos de organización son encauzar lo que debería ser autoorganización horizontal de la sociedad en todos sus aspectos hacia la representación y la delegación interesada. Eliminan las posibilidades de tomar los medios de organización social mediante el engaño y la promesa de un falso bienestar.



-La manipulación. Esta puede tomar diversas formas, desde los medios de comunicación a la publicidad televisiva, pasando por el sistema educativo. Como ninguna propaganda está desprovista de valores es inevitable que esta influya en los pensamientos y actos de la persona. El régimen de Hitler prometía el bienestar y la grandeza a los alemanes, mediante la propaganda se promulgaba la superioridad de la raza aria, la confianza en un ejército superior y por tanto la seguridad en un futuro próspero. Todo el mundo sabe como quedó Alemania tras la Segunda Guerra Mundial y donde quedaron esas promesas de bienestar y seguridad. Esto no es más que un ejemplo de como se puede manipular a una gran masa de personas para que apoyen una forma de gobierno en base a las promesas que les ofrece, promesas que no tienen porque ser reales. Las promesas de bienestar capitalista tienen altas probabilidades de ser una maniobra de manipulación para mantener las esperanzas de la población en un sistema que solo muestra su máscara. La psicología desarrollada por los gobiernos y empresas se ha perfeccionado considerablemente hasta llegar al punto de manipular sin que sea notado, y la mejor forma de lograr esto fue la autoinculcación de la falsa felicidad, con la defensa de lo que nos estupidiza como medio y fin de la misma.
Estos tres factores son representantes de las tres esferas donde se muestra el control sobre la población: el económico, el político y el social respectivamente. Existen más en cada una de las esferas, variando en nivel de amplitud e importancia: reformismo institucional, confusión de progresismo con libertad, generalización de la futura ingeniería genética, represión física y psicológica, el control de las patentes de las semillas, el falso fin del patriarcado mediante el feminismo institucional, la superioridad militar de ciertos países, y también la misma existencia de cuerpos represivos del Estado (policía y ejército entre otros). Algunos de estos ejemplos se muestran como recorte directo de libertades, otros como trabas en el camino que lleva a ellas y otros como falso camino a modo de distracción.


Bajo estas condiciones, entendemos que la vida que nos merecemos está alejada de la vida que tenemos, y separada de ella mediante un muro construido por la lógica capitalista del beneficio a ultranza, esto es, por una lógica ajena a la especie humana. Se plantea entonces un dilema: ¿cómo es esa sociedad que garantiza la felicidad humana? Y la única respuesta que podemos dar es: no podemos saberlo. Nadie está capacitado para diseñar una sociedad perfecta, y esto por varios motivos:


1.- Una sociedad humana no puede ser perfecta porque el ser humano no es perfecto.

2.- No podemos adivinar el futuro, por tanto, no se puede encajar un plan perfectamente estudiado en unas circunstancias que muy probablemente no lo acepten.

3.- Una persona, o grupo de personas, no posee la capacidad intelectual suficiente como para planificar una forma de sociedad que garantice en su totalidad la felicidad y libertad de todos sus miembros.


La conclusión es clara, si ninguna persona en concreto es capaz de hacerlo, únicamente todas las personas serán capaces de dotarse de lo que necesiten bajo unos marcos que aseguren la justicia y la libertad por los motivos anteriormente expuestos [7]. Pero para lograrlo deberán dotarse de las herramientas necesarias, estas herramientas autónomas les deben permitir superar y obviar las herramientas que ofrece un sistema que las ha diseñado para ser ineficaces. Los principios por los que estas herramientas reales deben regirse para reunir las condiciones necesarias son, a modo de propuesta:


-Autoorganización. Esto es, no necesitar de ningún partido, sindicato, ONG, etc. para empezar a organizarse. La autoorganización no debe ser entendida como una organización con siglas, carnet de militante y obligaciones; sino como un conjunto de personas que se reúnen para discutir sus propios problemas, o la solidaridad con problemas ajenos, y actuar en consecuencia.


-Horizontalidad. Ninguna jerarquía debe existir puesto que su mera existencia coarta la libertad de las personas, tanto la de los que están arriba como la de los de abajo. Para que sea justa y libre una sociedad, todo el mundo ha de tener la misma importancia a la hora de tomar decisiones, la superioridad no es sino acumulación de poder, y este tiene que ser repartido equitativamente.



-Asamblearismo. Se le puede llamar de muchas formas (reunión, consejo, etc.), sin embargo, aquí le llamaremos asamblea, entendiendo como tal a un conjunto de personas que se reúnen para tratar diversos temas. Esta forma organizativa no está exenta de peligro de autoritarismo, pero si que es la que más medios tiene para alejarlo. Las decisiones en asamblea se suelen tomar por consenso, aunque dependiendo del número se puede optar por la votación cuando no quede más remedio. Las asambleas se relacionan entre ellas, para dotar de tejido social y estructura política, en forma federativa de abajo arriba, es decir, las decisiones se toman en las asambleas de base que envían delegados (estos pueden ser revocados y expresarán exclusivamente la opinión de la asamblea) a una reunión de delegados (por ejemplo, cada asamblea de barrio envía uno o dos delegados a la asamblea de la ciudad). No hay que confundir la delegación asamblearia, donde el delegado es una especie de mensajero, con la política, donde se delega el poder.



-Radicalidad. Al margen de la criminalización del término [8], la archiconocida frase “ir a la raíz del problema” no pierde vigencia a pesar de su antigüedad. El sistema se debe entender como un todo, cuando se le reforma de algún modo no se le resta poder, sino que se le entrega la legitimidad para que lo ejerza de una forma diferente. Toda crítica al mismo que no vaya acompañada de un marco mucho más amplio y que abarque su totalidad está condenada a la insuficiencia. Toda reivindicación que el sistema entiende, es capaz de recuperarla con el fin de usarla para sus propios fines; si una reivindicación va acompañada del rechazo real a este puede entonces situarse en el terreno de una lucha más extensa y definitiva.



-Responsabilidad. Sin este factor nada de lo mencionado anteriormente puede funcionar, no se trata de obligar a las tareas, sino que cada uno evalúe lo que es capaz de hacer para sí mismo y para los demás y actúe en consecuencia. Comprometerse a algo que no se va a realizar es mentirse.


Estos cinco principios no son normas, sino guías, herramientas que dotan a la acción política de coherencia y efectividad. Sirven para garantizar que son las personas interesadas directamente en los problemas las que se implican. Desechamos la estupidez de que los dirigentes son necesarios, antes bien, los consideramos obstáculos, si no se pueden saltar hay que darles patadas. “Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento.” [9] Esta cita muestra uno de los elementos del marxismo con el que estamos de acuerdo, pero que nunca fue aplicado a la práctica en ningún sistema comunista. Cada hombre tiene una práctica concreta en los diversos aspectos de su vida, que junto con las condiciones económicas y sociales conforman su vida. Si una entidad política (en forma de organización o en forma individual) se interpone entre ambos ejes y el individuo, no puede existir la acción política autónoma, es decir, esta queda alienada, separada de él. Este tipo de delegación es, por tanto, alienación.


Las excusas normalmente aducidas para no utilizar dichas herramientas, organizarse y llegar a los objetivos de la libertad y la justicia están basadas en la comodidad egoísta. Frente a un mundo tan injusto pocas razones nos parecen lo suficientemente importantes como para evadir un problema que afecta a la sociedad entera. Abogamos por la libertad total y no queremos obligar a nadie a luchar contra su voluntad, pero precisamente se tiene que observar que nosotros queremos darles la libertad a las personas para que no sean obligadas por nadie a nada; dejarse llevar no es ser libre. El miedo a la represión es comprensible y lógico, pero ¿cuántas veces hemos leído la historia de tal o cual pueblo que se sublevaba en unas condiciones mucho más hostiles y sufriendo un castigo brutal [10]? Debería servirnos y tomar una pizca de su valentía y conciencia para luchar con sinceridad y fuerza. El camino a la transformación social revolucionaria no empieza esperando a que se muevan los demás, sino recorriéndolo cada persona en el entorno que le rodea uniéndose a los compañeros de caminata.


En el párrafo anterior no es nuestra intención mostrarnos dogmáticos, pero vemos necesario, por todo lo expuesto en este texto y por la evidencia que muestra abrir mínimamente los ojos, que las personas se organicen autónomamente y tomen conciencia de lo que supone el Capitalismo tanto para el ser humano como para la tierra y los animales no humanos. Vemos necesario que esta conciencia rompa con los esquemas psicológicos, económicos, políticos, etc. y esta ruptura convierta en insoportables las actuales estructuras sociales. Vemos necesario que cada cual se mire sinceramente a sí mismo/a y se pregunte cual es su papel en todo esto, que deje de ser un espectador de la barbarie y se suba al escenario para quemar el teatro entero. Se trata de posicionarse entorno a los diferentes temas y actuar en consecuencia con lo que se opina en la medida de las posibilidades personales.


Anarquistas: así nos consideramos teniendo en cuenta que entendemos la anarquía como un paradigma, un marco desde el que se mira, no como una idea perfectamente programada hace siglos para llevar a cabo independientemente del contexto; antes bien el conjunto de principios establecidos libremente por las personas que luchan por el derrumbe del sistema durante su actividad y por aquellos y aquellas que tengan el privilegio de crear una sociedad justa y libre...por fin.


Miguel Garrido


NOTAS:


[1] M. Bakunin. Programa de la Alianza para la Revolución Internacional (1871).
[2] Aristóteles. Gran Ética (s. IV a.c.).

[3] M. Foucault. Historia de la locura en la época clásica (1964). En realidad el aislamiento había sido empleado con anterioridad en otros grupos sociales como los leprosos y portadores de enfermedades venéreas, sin embargo, el primer castigado al aislamiento como disidente de la “razón” es el loco.

[4] Para el antropólogo Marvin Harris: “A juzgar por los ejemplos de bandas y aldeas que sobreviven hasta nuestros días, durante la mayor parte de la prehistoria nuestra especie se las manejó bastante bien sin jefe supremo [...] La gente ofrecía porque esperaba recibir, y recibía porque esperaba ofrecer [...] la mejor manera de asegurarse contra el inevitable día adverso consistía en ser generoso. [...] Así pues, no se hable más de la necesidad innata que siente nuestra especie de formar grupos jerárquicos. El observador que hubiera contemplado la vida humana al poco de arrancar el despegue cultural habría concluido fácilmente que nuestra especie estaba irremediablemente destinada al igualitarismo salvo en las distinciones de sexo y edad”. M. Harris. Nuestra especie (1989). Las pruebas y argumentaciones se pueden encontrar en el libro, por nuestra parte nos hemos limitado a indicar las conclusiones.

[5] “La demanda de hombres regula necesariamente la producción de hombres, como ocurre con cualquier otra mercancía. Si la oferta es mucho mayor que la demanda, una parte de los obreros se hunde en la mendicidad o muere por inanición. La existencia del obrero está reducida, pues, a la condición de existencia de cualquier otra mercancía”. Karl Marx. Manuscritos económicos y filosóficos (1844). Obviamente en la actualidad esta situación ha cambiado para los países occidentales, en los que, en cualquier caso, para adaptar el texto a la realidad sería necesario cambiar “producción de hombres” por contratación; y la “mendicidad” e “inanición” por el paro. En cualquier caso, el párrafo en cuestión se acopla perfectamente a la realidad en muchos países pobres y desestructurados por multinacionales, donde la muerte por inanición esta a la orden del día.

[6] Ramón Germinal. El huracán de la gran transformación, revista Ekintza Zuzena nº32.

[7] “No proponemos aquí, caballeros, este u otro sistema socialista. Aquello que ahora exigimos es la proclamación nuevamente del gran principio de la Revolución francesa: que cada ser humano pueda poseer los medios materiales y morales para poder desarrollar así su humanidad, un principio que, en nuestra opinión, debe ser traducido en el siguiente problema: [...] Organizar la sociedad de tal manera que cada individuo, hombre o mujer, pueda hallar, al entrar en la vida, medios aproximadamente equivalentes para el desarrollo de sus diversas facultades y de su ocupación laboral. Y organizar dicha sociedad de tal forma que haga imposible la explotación de algún trabajador, lo cual permitirá a cada individuo disfrutar de la riqueza social, la cual, en realidad sólo se produce por el trabajo colectivo; pero sólo para disfrutarla en cuanto él contribuya directamente hacia la creación de dicha riqueza.” M. Bakunin. Socialismo sin Estado: Anarquismo.

[8] Esta criminalización es lógica en tanto el sistema criminaliza todo aquello que le amenaza, situándolo a la misma altura que el crimen. Asocia sus estructuras con el bien y sus enemigos con el mal como escudo de defensa.

[9] Karl Marx. Tesis sobre Feuerbach (1845).

[10] La Comuna de París, los pueblos latinoamericanos contra los colonizadores españoles, los maquis durante la dictadura franquista, el pueblo palestino, y miles de ejemplos más.






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