[Texto] 1918-1921: Los Arditi del Popolo


Historia de las milicias populares que combatieron a los fascistas italianos, cubriendo su nacimiento, crecimiento y declive del primer grupo antifascista, Gli Arditi del Popolo.

Al final de la Primera Guerra Mundial, la clase obrera italiana estaba en un estado de efervescencia revolucionaria. Aún no preparados para la conquista del poder por sí mismos, los obreros y campesinos en 1918 habían ganado una serie de concesiones del estado: una mejora de los salarios, la jornada de ocho horas, y un reconocimiento de los convenios colectivos.

El 1919, sin embargo, llegó una nueva radicalización al movimiento de los trabajadores. En sólo aquel año, hubo 1663 huelgas por toda la península, mientras que el agosto el recién formado movimiento consejista en Turín (precursor de los consejos obreros) subrayó el crecimiento de una nueva y vibrante militancia que sacaba su fuerza de la capacidad autónoma de los trabajadores para organizarse según líneas libertarias y que tenía “el potencial objetivo de preparar a los hombres, a las organizaciones y a las ideas en una operación de control pre-revolucionario continuado, para que estén preparados para reemplazar la autoridad patronal en la empresa e imponer una nueva disciplina a la vida social”*.

En el campo, el campesinado abría un segundo frente contra el estado ocupando la tierra que se le había prometido antes de la guerra. El decreto de Visochi en septiembre de 1919 simplemente aceptaba las cooperativas que ya se habían creado mientras las “ligas rojas” apoyaban la formación de sindicatos fuertes de jornaleros.

Sin embargo, 1919 también marcó las fases iniciales de un capital que se defendían contra estos crecientes malestares. En una reunión de industriales y terratenientes en Génova en abril se sellaron las primeras etapas de la “sagrada alianza” contra el ascenso del poder obrero. Desde esta reunión se esbozaron unos planes para la formación, al año siguiente, tanto de la Federación General de Industria como la Federación General de Agricultura, que juntas trazaron una estrategia precisa para el desmantelamiento de los sindicatos obreros y de los nacientes consejos.

Solos, sin embargo, los industriales y los terratenientes no podían sobrellevar la lucha contra el movimiento obrero. Los trabajadores mismos tenían que ser obligados a someterse, tenían que ver roto su espíritu de revuelta en las propias calles en las que caminaban y en los campos que sembraban. Para ello, el capital apostó por el matonismo armado del fascismo, y por el mayor matón de todos: Benito Mussolini.

La Formación de las escuadras fascistas

Inmediatamente al fin de la guerra, hubo un auténtico florecimiento de las ligas anti-obreras: los “Fascio di Combate” de Mussolini, la Liga Anti-Bolchevique, los “Fasci” para la Educación Social, Umus, Italia Redimida, etc. Al mismo tiempo, los miembros de los cuerpos de los voluntarios de guerra, al ser desmovilizados, se organizaron en una fuera de élite de unos 20.000 soldados de choque y fueron utilizados inmediatamente por el movimiento anti-obrero.

Este movimiento en su mayoría estaba compuesto por las clases medias o medias bajas. Ex-oficiales y suboficiales, trabajadores de oficina, estudiantes y auto-empleados todos se aliaron con la causa fascista en las ciudades, mientras que en el campo los hijos de los terratenientes, pequeños propietarios y capataces fueron fáciles reclutas en la guerra contra la Amenaza Roja. La policía y el ejército apoyaban activamente a los fascistas, animando a los ex-oficiales a unirse y entrenar a las escuadras, dejándoles vehículos y armas, e incluso permitiendo que algunos delincuentes se enrolaran en ellas con la promesa de beneficios e inmunidad. Los permisos de armas, prohibidos a los obreros y los campesinos, se le concedían libremente a las escuadras fascistas, mientras que la munición de los arsenales del estado le proporcionó a las Camisas Negras una enorme ventaja militar sobre sus enemigos. Por último, en noviembre de 1921, las distintas escuadras se unieron en una organización militar llamada “Principi”, con una jerarquía de secciones, cohortes, legiones y un uniforme especial.

Gli Arditi del Popolo

Para compensar las carencias del Partido Socialista (PSI - Partito Socialista Italiano) y de la principal central sindical, la CGL, militantes de varias tendencias: anarcosindicalistas, socialistas de izquierda, comunistas y republicanos formaron, en junio de 1921, una milicia popular, los “Arditi del Popolo” (AdP), para luchar con los fascistas.

Aunque políticamente plurales, los AdP, fueron una organización predominantemente de la clase obrera. Los obreros se alistaban en las fábricas, las granjas, los ferrocarriles, astilleros, edificios en construcción, puertos y transporte público. Algunas secciones de clase media también se implicaron, incluyendo estudiantes, trabajadores de oficinas y otros profesionales liberales.

En cuanto a la estructura, los AdP siguieron líneas militares, con batallones, compañías y escuadras. Las escuadras se componían de 10 miembros y un líder de grupo. Cuatro escuadras hacían una compañía con un comandante de compañía y tres compañías hacían un batallón con su comandante de batallón. Se utilizaban escuadras de bicicletas para mantener los enlaces entre el comando general y la fuerza laboral en general.

A pesar de su estructura, los AdP fueron lo bastante flexibles como para formar una fuerza de reacción rápida en respuesta a las amenazas fascistas. El comportamiento de los AdP lo dictaba normalmente el grupo que predominara en una localidad particular, aunque la mayoría de las secciones tenían una autonomía virtual sobre sus propias acciones.

Estas secciones se instalaron rápidamente por todo el país, ya fuera como nueva creación, o como parte de los grupos ya existentes como los del Partido Comunista de Italia (PcdI), los paramilitares de Trieste “Arditi Rossi”, los Hijos de Nadie (Figli di Nessuno) en Génova y Vercelli, o la Liga Proletaria (vinculada al PSI). En total, para finales de 1921 había al menos 144 secciones, con un total de 20.000 miembros. Las secciones más grandes eran la de Lazio con unos 3300 miembros, seguidas de las de Toscana, 18 secciones con unos 3000 miembros.

Los AdP crearon muy pronto su propia identidad cultural con algunas secciones luciendo orgullosamente sus propios logos e imágenes de guerra. Aunque los AdP como entidad eran facilmente reconocibles por una calavera con una daga entre los dientes rodeada de un laurel, y el lema de “A Noi” (a nosotros), el logo de la dirección era una daga rodeada por una corona de laurel y de roble. El símbolo llamado “ivetavecchia” por su parte no dejaba mucho a la imaginación cuando se eligió como enseña - ¡era un hacha rompiendo el símbolo fascista! Aunque no tenían, o no querían, uniformes, el miembro estándar de los AdP prefería vestir con camisas negras, pantalones grises oscuros, con una flor roja en su solapa. Sus canciones eran directas y confrontativas como:

Doblegamos la violencia
de los mercenarios fascistas
Todos armados en la caballería
de la redención humana
Esta eterna juventud
se renueva en la fe
del pueblo que pide igualdad y libertad.”

La ofensiva fascista

El anarquista italiano, Errico Malatesta, comentado la ocupación masiva de fábricas en el norte de Italia, en septiembre de 1920, que implicó a unos 600.000 trabajadores, predijo “si no la llevamos hasta el final, pagaremos con lágrimas de sangre el terror que le infligimos hoy a la burguesía”. Sus palabras iban a ser proféticas, ya que tanto el PSI como la CGL, en lugar de extender la lucha de las fábricas a las comunidades, colaboraron con el estado para devolver a los trabajadores al trabajo. Fue desde este momento en adelante cuando el estado pasó a la ofensiva y las escuadras de “acción revolucionaria” de Mussolini tuvieron bastantes armas para tomar la calle.

Hasta la formación de los AdP, los fascistas tenían la situación prácticamente de su lado. Comenzando por un ataque al ayuntamiento de Bolonia, las escuadras fascistas barrieron el campo como los escitas, llevando a cabo “expediciones punitivas” contra las aldeas “rojas”. Tras sus éxitos allí, comenzaron a atacar las ciudades. Los sindicatos, las oficinas de las cooperativas y los periódicos izquierdistas fueron destruidos en Trieste, Módena y Florencia en los primeros meses de 1921. Como escribió Rossi, “tenían una enorme ventaja sobre el movimiento obrero en su capacidad de transporte y para concentrarse... los fascistas generalmente no tienen ataduras... pueden vivir en cualquier parte... Los obreros, al contrario, están atados a sus hogares... Este sistema le da al enemigo toda la ventaja: la de la ofensiva sobre la defensiva, y la de la guerra móvil sobre la guerra de posiciones.” **

Sin embargo, en marzo de 1921, había crecientes señales de la puesta en marcha de unas estructuras de defensa de la clase obrera. En Livorno, cuando un barrio obrero (Borgo dei Cappucini) fue atacado por los fascistas, todo el barrio se movilizó contra ellos, echándolos del pueblo. En abril, cuando los fascistas lanzaron un asalto a un centro sindical (la Camera del Lavoro), los obreros hicieron una huelga el 14 y rodearon la escuadra fascista, que sólo se salvó por la intervención del ejército. Para julio, la clase obrera había creado su propia milicia armada – los Arditi del Popolo.

Los Arditi del Popolo en acción

Los AdP entraron en acción por vez primera en Piombino, el 19 de julio de 1921, cuando atacaron un punto de encuentro fascista y rodearon a los fascistas adentro. Cuando la Guardia Real trató de intervenir, ellos también se vieron obligados a rendirse. Los AdP tomaron las calles por unos días antes que una fuerza enorme de policías les obligara a retirarse.

En Sarzana, fueron en ayuda de la población local que había conseguido capturar uno de los líderes fascistas más importantes, Renato Ticci. Cuando una escuadra de 500 fascistas intentó rescatar a Ticci, los AdP estaban allí para forzar a los fascistas a retirarse hacia el campo. 20 fascistas (probablemente más) resultaron muertos y su líder de escuadra comentó: “La escuadra, tan acostumbrada a derrotar a un enemigo que casi siempre huía, o que ofrecía una débil resistencia, no pudo, y no supo cómo defenderse.”

Traición

Sin embargo, justo cuando los AdP estaban creando una espectativa en las calles, fueron traicionados por el PSI que estaba entonces más interesado en firmar un pacto de no agresión con los fascistas; esto justo en el momento en el que los fascistas eran más vulnerables. Los militantes socialistas fueron obligados a retirarse de los AdP, mientras que el sindicato CGL ordenó a sus miembros a abandonar la organzación.

Un líder sindical, Matteotti, confirmó la traición en el periódico sindical Battaglia Sindacale: “Quedaos en casa: no respondáis a las provocaciones. Incluso en silencio, incluso la cobardía, es a veces heroica.”

Los comunistas fueron más allá formando sus propias escuadras puramente “conscientes de clase” diezmando así aún más el movimiento. Según Gramsci, “la táctica... correspondía a la necesidad de evitar que la afiliación del partido fuera controlada por unos líderes que no eran del partido.” Muy pronto, sólo quedaron 50 secciones con unos 6.000 miembros, apoyados tanto por la Unione Sindicale Italiana (USI) anarcosindicalista, y la Unione Anarchica Italiana (UAI) anarquista.

Una serie de estas secciones entró en acción otra vez en septiembre en Piombino, cuando los fascistas, que acababan de quemar las oficinas del PSI (la misma organización que les había traicionado un mes antes), fueron interceptadas por una patrulla anarquista y obligados a huir. Piombino iba pronto a convertirse en un centro neurálgico de la defensa contra el fascismo, defendiéndose de la barbarie fascista en abril de 1922 antes de sucumbir finalmente después de un día y medio de fieros combates, cuando los fascistas, apoyados por la Guaria Real, lograron capturar las oficinas de la USI.

En julio de 1922, la huelga general reformista hecha para defender “las libertades civiles y la constitución” señaló el desastre final del movimiento obrero, cuando los parones en el trabajo no fueron, ni pudieron ser, acompañados de una acción directa agresiva. Los fascistas simplemente gestionaron los servicios públicos con esquiroles y se hicieron dueños de la calle. Con el colapso de la huelga, los fascistas demostraron su fuerza machacando los últimos puntos de resistencia, uno de los cuales, Livorno, sucumbió ante una fuerza de 2000 escuadristas.



* L. Williams - Proletarian Order (1975)

** A.Rossi - The Birth of Fascism (1938)

http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/12030



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