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[Túnez] Se acabó la libertad

Comisaría central de la policía de Bizerta, quemada por los ciudadanos el día 15 de enero

Decimosexto día del pueblo tunecino:

Maquiavelo decía, con otras palabras, que el príncipe a veces, cuando pierde legitimidad ante su pueblo, tiene que llamar a la continuidad "revolución". Se cambian los nombres no porque hayan cambiado las cosas sino para que todo siga igual. O parecido, porque los nombres son también cosas -como guantes- que no se ajustan a todas las situaciones. En la antigua China, los emperadores que iniciaban una nueva dinastía, tras un golpe palaciego, cambiaban todos los pesos y todas las medidas y comenzaban desde cero el cómputo del tiempo. Ben Alí derrocó desde dentro a Bourguiba y a ese putsch cortesano lo llamó el Gran Cambio, le Grand Changement. Y si es verdad que nunca había ocurrido antes que un pueblo árabe derrocase a un tirano, una gran contracción se vive en estos días en Túnez, donde empieza a temerse, tras el asalto ayer a la Qasba, que todos los sacrificios de estos días hayan sido inútiles.

- Es como si nunca hubiera habido un 14 de enero -resume desolada Amira.

La policía, en efecto, tras dos semanas de contención, ha vuelto a adueñarse de la situación. Ayer rompió manos y piernas en la Qasba y durante todo el día han circulado listas sin confirmar de muertos y desaparecidos. Al menos veinte detenidos seguían esta tarde en comisaría. Y sobre la plaza de la Qasba quedaron ayer, entre mantas, jaimas y cacerolas, decenas de teléfonos móviles desperdigados. De muchos de los dispersados de ayer no se sabe nada. Entre tanto esta mañana, 12 horas después, mientras se repintaban las paredes de lo que fue durante cinco días el ministerio del pueblo, La Press publicaba en portada una fotografía de la concentración triturada con el titular: “en la Qasba la caravana de la libertad sigue las protestas”. La revolución es ya la marca -la chispa de la vida- de un gobierno que teje en la oscuridad y de una prensa que utiliza nuevos nombres para nombrar las mismas cosas.

Los inversores extranjeros se impacientan y EEUU, pendiente de Egipto, quiere sofocar definitivamente el foco tunecino. Las protestas, debilitadas por la claudicación de la UGTT, se reprimen ahora sin contemplaciones. A los tunecinos, que se habían acostumbrado a campar a sus anchas en la avenida Bourguiba, se les ha recordado durante todo el día que hay una ley marcial, que las manifestaciones están prohibidas, que es la policía, y no el pueblo, la que ocupa las calles. Bombas lacrimógenas y golpes de porra han escandido una jornada en la que los medios internacionales, volcados sobre Egipto, ni siquiera estaban presentes -o apenas- en la rueda de prensa de Human Rights Watch. Empezábamos a habituarnos a saltar y ahora hay que aprender de nuevo a correr.

Pero en esta jornada de resaca -en la que el mar retrocede llevándose los restos de la fiesta- he conocido a un tipo enorme, descomunal, un tipo cuyo pesimismo musculoso induce paradójicamente al optimismo. Me lo ha presentado el periodista italiano Gabriele del Grande, admirado reportero que se toma en serio su profesión, y hemos pasado algunas horas con él. Se trata de Redha Redhaoui; es un abogado de Gafsa que ha dedicado los dos últimos años de su vida a defender, sin atender a riesgos ni a ambiciones, a los encausados por las revueltas mineras de 2008 en Redeyef y los otros pueblos de la región. Es un hombre grande, cuadrado, de cabellos grises y maneras francas y cálidas; gran bebedor, extraordinario narrador de anécdotas jocosas y de una generosidad apabullante. Uno se siente tranquilo a su lado mientras enumera implacablemente los motivos de inquietud.

- ¿Que por qué dio el nuevo ministro del Interior la orden de desalojar la Qasba?

No la dio el ministro del Interior. Los nuevos ministerios son de cartón-piedra. No deciden nada. Hay un gobierno paralelo en la sombra.
Ese gobierno paralelo tiene que ver, claro, con la intervención de los Estados Unidos. No es que la revolución haya sido manipulada o provocada desde el exterior, dice; ha sido, al contrario, de una pureza tan grande que su propia autonomía la pone en peligro. Pero desde 2009, mientras todos los demás descartaban esa eventualidad, los EEUU se preguntaban si realmente era posible que los movimientos sociales en el mundo árabe derrocasen un gobierno. El imperialismo estadounidense no accionó ni gestionó las revueltas, pero estaba preparado para ellas. Hasta el punto de que -asegura- el concepto de “revolución de los jazmines”, en el que nadie se reconoce, había sido ya enunciado 8 días antes de la inmolación de Mohamed Bouazizi el 17 de diciembre.

- La situación ahora es muy complicada -dice, recordando la famosa frase de Gramsci. - Nos encontramos varados entre un mundo antiguo que no acaba de morir y un mundo nuevo que no acaba de nacer. En ese hueco se ha despertado de golpe la conciencia de la gente; es una conciencia explosiva que lo quiere todo aquí y ahora, que no está dispuesta a esperar ni a negociar, pero que choca con límites económicos, sociales, políticos muy severos. Esta desproporción entre la libertad pura y sus posibilidades reales de materialización hace complicado maniobrar frente a un régimen que se ha alterado apenas. En ese pantano, entre el mundo antiguo que no acaba de morir y el nuevo que no acaba de nacer, está además la policía, un cuerpo educado para defender la dictadura, muy difícil de controlar y aún más difícil de depurar.

Por otra parte asegura que con la UGTT no se puede contar. Está ocupada en resolver su propia crisis. La dirección está implicada en las entrañas corruptas del sistema y ha colaborado en su sostenimiento impidiendo la formación de otras fuerzas sindicales. Los militantes de izquierdas obligados a operar a su sombra chocan ahora contra límites infranqueables debilitando al mismo tiempo la unidad del sindicato. Las divisiones son grandes, como lo prueba, por ejemplo, el comunicado que el sector de la enseñanza ha repartido en la calle Bourguiba y en el que se apoya la lucha del pueblo contra el gobierno provisional de Ghanoushi.

Mientras habla y bebe cerveza en el Hotel Internacional, Redha Redhaoui comenta la situación en Egipto, cuyas imágenes ofrece Al-Jazeera en tiempo real. Le divierte mucho la reproducción paso por paso de los acontecimientos en Túnez y la paradójica concesión de Mubarak, que por primera vez nombra un vicepresidente o, lo que es lo mismo, un sucesor: Omar Suleiman, jefe de los servicios secretos y el hombre más próximo a Israel. En ese momento suena su teléfono móvil. Le llaman desde Qasserine.

- Mañana han convocado una huelga -dice- y me piden que se alerte a los medios extranjeros para cubrirla. Quedan muy pocos y eso que esto, al contrario de lo que se puede pensar, no ha hecho sino empezar.

Salimos a una avenida Bourguiba revuelta y oscurecida, en la que se han manifestado Las mujeres demócratas, grupos de estudiantes y pequeños coágulos gritones disueltos una y otra vez por la policía. En la calle Marsella, un joven cubierto con una capucha, demacrado, delgadísimo, balbuciente se acerca a nosotros; le muestra a Redha un papel con mano temblorosa y le cuenta que es hermano de uno de los mártires de Qasserine y que no tiene dinero para volver a su ciudad. Redha le pasa la mano por el hombro, le escucha y luego le da discretamente veinte dinares (10 euros), una cantidad descomunal de dinero.

- La primera historia es falsa -dice con picardía- pero la segunda puede ser verdad. Así que apliquemos el principio de presunción de inocencia.

Y luego tenemos que ajustarnos a toda velocidad sobre la boca la mascarilla que nos han dado por la mañana en la avenida Bourguiba y salir corriendo. El aire se vuelve de nuevo tenso y picante. Silban las bombas lacrimógenas y una sombra lejana nos pisa los talones.

En la avenida de Paris aflojamos el paso. Como si no pasara nada, Redha nos propone ir a beber y comer algo. Pero en ese momento suena de nuevo su teléfono móvil. Tenemos que retroceder porque su amiga Faten, una joven de Gafsa a la que nos presentó algunas horas antes, está herida. La encontramos cien metros más allá, sostenida por tres o cuatro personas. Apenas si puede caminar y cuando llegamos hasta ella se desploma en el suelo. La kufiya palestina que le cubre el pelo está manchada de sangre.

- La policía ha entrado en el café y le ha golpeado con la porra en la cabeza -nos dice unos de sus acompañantes.

Redha la levanta, para un taxi y, despidiéndose de nosotros precipitadamente, se la lleva al hospital Charles Nicole.

La atmósfera del Passage es pastosa y sórdida. No hay ni manifestaciones ni protestas. Sólo algunas personas desperdigadas inmóviles en las aceras. Pero hete aquí que de pronto llegan tres furgones policiales, se abren las puertas y desembarca un racimo de uniformados negros. Los contemplamos casi como una curiosidad turística, sin comprender de qué se trata. Luego todo el mundo sale corriendo y nosotros también. Vuelven a detonar las bombas lacrimógenas; corremos, corremos, corremos con el corazón en la boca, con la impresión de que están por todas partes, zigzagueando entre callejuelas y arrastrando con nosotros a todos los que paseaban tranquilamente por ellas.

Cuando llegamos a casa, llamamos por teléfono a Redha. Sigue en el hospital, pero afortunadamente Faten está bien.

Túnez no.

La conciencia de la gentes es muy superior a la estrechez del contexto. La estrechez es, en efecto, muy estrecha.


   Nuestro irritante amigo verde
   Jóvenes en la avenida Bourguiba
  Las Mujeres demócratas piden laicismo y el fin de la represión

Alma Allende
Fotos de Ainara Makalillo

Fuente Rebelion.org
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Cuatro egipcios se queman a lo bonzo en protesta contra el Gobierno

Uno de ellos, un joven desempleado de 25 años de Alejandría, ha muerto.- Los otros tres están heridos tras prenderse fuego en El Cairo y en Ismailiya

Información en El País Leer más...

Túnez: la revolución no será televisada

El sábado 18 de diciembre, la policía tunecina paró a Mohamed Bouaziz, un universitario en paro, y le quitó el carrito con el que vendía fruta y verduras para mantener a su familia. Enfurecido por la injusticia y desesperado por la miseria y el hambre en la empobrecida economía tunecina, cada vez más cabreado por el aumento de los precios de los alimentos, el joven se prendió fuego a sí mismo, frente al ayuntamiento de Sidi Bouzid, a 200 km de la capital. Después murió en el hospital.

Cabreados por el incidente, varios cientos de jóvenes locales, que sufren igualmente el desempleo y la represión policial del corrupto régimen dictatorial tunecino, se concentraron para protestar por lo ocurrido. La policía local respondió con gas lacrimógeno y violencia. Desde ese momento, no han cesado los disturbios masivos y los enfrentamientos violentos con la policía durante tres semanas. En Kesserine, otra ciudad del interior, muy lejos del turismo y la región costera, las estimaciones de los médicos locales y del personal del hospital ya hablan de más de 50 muertos.

Pero la fiereza de la guerra civil virtual que ha estallado entre el pueblo de Túnez, desde la juventud desempleada, los estudiantes de instituto y universitarios, sindicalistas, artistas, intelectuales e incluso abogados, contra el corrupto dictador Zine el Abidine Ben Ali, podría no estar ocurriendo si tenemos en cuenta la cobertura informativa de RTE, la BBC o el resto de medios occidentales. Los analistas de Al Jazeera y otros medios de habla árabe han señalado amargamente la hipocresía de los medios occidentales que difundieron la resistencia del movimiento “verde” iraní frente al robo electoral de Ahmedi Nejad, pero ahora censura la noticia más importante del mundo árabe en la actualidad. ¿Podría esto deberse a que el régimen de Ben Ali es “un aliado de Occidente”? El muro de silencio impuesto por nuestros medios “totalmente independientes” hace mucho ruido.

Mientras tanto, en el mundo árabe, desde Egipto a Siria, los observadores y blogueros están siendo perseguidos con ganas por lo que ellos llaman la Intifada Tunecina. La experiencia de ser aplastado por un régimen corrupto, dictatorial y represor y encima sufrir subidas en los precios de los alimentos es algo común para la mayoría de los habitantes de la región. Incluso aunque el Gobierno tunecino ha cerrado los periódicos de la oposición y ha detenido y torturado a periodistas que se han atrevido a cubrir la lucha, la cobertura aún se mantiene en Twitter (#sidibouzid), aunque Facebook ha decidido ayudar al régimen de Ben Ali (y sus simpatizantes de la CIA) cerrando las páginas de cualquier periodista o cualquier tunecino que informe de lo que ocurre en Túnez.

La Intifada aún continúa. Ayer llegó a los barrios de la capital Tunisia, y se desplegaron las tropas por la calle por primera vez. Ben Ali ha tardado en dar señales, cesando a su ministro de Interior y prometiendo que comenzará un programa para crear 300.000 puestos de trabajo los próximos dos años. Pero hay noticias de que familiares suyos ya están abandonando el país.

¡Victoria y libertad para los trabajadores tunecinos! ¡Abajo con la dictadura de Ben Ali!

Klinamen




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Túnez: la lógica en cuclillas

Crónica del último día de un dictador (y del primero de un pueblo)

Alma Allende - 16.01.11


“Lo hemos hecho temblar, pero no caer”, decía el viernes por la mañana un amigo tunecino, director de cine y profesor, convencido de que la estrategia de Ben Alí había dado sus frutos. Estábamos delante del ministerio del Interior, en la calle Bourguiba, rodeados de una multitud que se había ido reuniendo desde las 9 de la mañana, en una jornada de huelga general convocada por la UGTT, pero que ningún partido ni organización secundaba o dirigía. El propio sindicato parecía haber abandonado a la gente a su suerte, ocupado más en negociar con palacio que en atender las demandas de sus afiliados. Ni comunicados ni instrucciones ni discursos. Gente, sólo gente de toda condición, dispuesta a desmentir las previsiones de mi amigo a fuerza de insistencia.

El día anterior, tras las nuevas promesas del dictador, mientras coches de alquiler escenificaban a bocinazos un inverosímil apoyo a las medidas, los blogueros en Internet resumían un sentimiento común: “66 muertos son un precio muy alto para tener sólo youtube”. No era eso lo que querían y para demostrarlo habían acudido a la avenida principal de la capital tunecina, donde se encuentra el Hotel Africa, símbolo del Túnez turístico y barnizado, y el infame ministerio del Interior, símbolo de la dictadura: “Ministerio del Interior, ministerio del terror”, gritaban subiéndose a las rejas de la planta baja mientras desde arriba esbirros de la policía grababan a la muchedumbre.

Se miraba mucho a las terrazas, temiendo a los francotiradores que el jueves habían causado dos víctimas mortales en el barrio de Lafayette, pero se tenía al mismo tiempo la tranquilidad de que la intervención de la policía era más improbable que nunca: el discurso del presidente y la presencia de periodistas extranjeros excluía, al menos de entrada, una matanza. Había muchos jóvenes -estudiantes, empleados y parados- pero también profesores, intelectuales, administrativos, informáticos, hombres y mujeres, y también niños y ancianos. Un hombre maduro de aspecto muy formal, envuelto en un abrigo de contable, discutía con dos chicas sobre la conveniencia de que Ben Alí dejara inmediatamente el poder, convencido de que no había ningún recambio que impidiese el caos. Detrás, un setentón tocado con una chachia y vestido con burnus, con manos de hierro de trabajador, con mucha menos cultura que su interlocutor, le corta sin embargo con autoridad: “No estamos en la escuela”, dice, “que se vaya y nosotros decidiremos”.

Eso es, en efecto, lo que piden a gritos acompasados los manifestantes, mediante consignas repetidas una y otra vez entre un ondear de manos. Han perdido el miedo y no están dispuestos a recular: “Pan y agua, Ben Alí no” (hubz wa me, Ben Ali le), “Túnez libre, Ben Alí fuera” (Tunis khurra khurra, Ben Ali barra barra), “Ben Alí asesino”, “Trabelsi, ladrones del estado”, “No pararemos hasta derrocar al dictador”. Las consignas se interrumpen a menudo para dar paso al himno nacional, reciclado o recuperado como canto subversivo: “moriremos moriremos para que la patria viva”. Ninguna consigna religiosa ni bandera partidista. Y cuando un barbudo invoca una vez el nombre de Alá, es sepultado bajo un alud de silbidos y abucheos.

A las dos de la tarde nadie se ha ido. Se busca un poco de agua y cigarrillos y se vuelve a la multitud, que recupera dos elementos por cada uno que pierde. Los mismos que por la mañana creían la partida perdida ahora empiezan a recuperar la fe, cambio que coincide y se solapa con un aumento de la tensión. La paciencia, el empecinamiento, la obstinación de los gritones comienzan a poner nerviosos a los policías, que por primera vez forman en escuadra en las calles adyacentes a la avenida Bourguiba, cerrando los accesos. A través de los teléfonos móviles se reciben noticias desde otros barrios de la ciudad y los rumores contagian una excitación nueva: la policía reprime a los habitantes de la periferia que quieren acceder al centro, muertos en Hay el-Khadra y Le Kram, asaltos a las casas de los Trabelsi en La Marsa. ¿Será cierto? Es la policía quien nos lo confirma con su barbarie.

Un minuto después de que el cadáver de un joven asesinado el día anterior cerca de la Medina desfile por encima de la multitud del boulevard, comienza el asalto. Detonan las bombas lacrimógenas y en medio del humo blanco la multitud empuja hacia las estrechas callejas adyacentes. Pero lo hace con una disciplina, con una prudencia, con una buena educación que nadie habría sospechado tampoco hace tan solo veinte días: wahda, wahda, shuaia, shuaia, imponen orden jóvenes passolinianos de una belleza inesperada, tratando de evitar una avalancha. Consiguen incluso hacer recular la primera estampida. El segundo asalto, en medio de las explosiones, provoca la desbandada. Salimos ya un poco a ciegas, tosiendo y frotándonos los ojos, entre dos cortinas de humo, delante y detrás, y algunos preferimos no pararnos, cruzar la nube que nos cierra el camino y huir del centro del avispero. Los desafortunados que no lo consiguen, los valientes que no quieren ceder, se verán a partir de ese momento encerrados durante dos horas en medio de una balacera.

Miles de personas corren por las calles alejándose de la avenida Bourguiba. Son miles, son muchos más de los que había en la concentración. ¿De dónde han salido? Las calles hasta entonces fantasmales, con todas los cierres metálicos de las tiendas bajados, burbujean ahora de una vida extraña, mitad excitada mitad amenazada, con una agudísima conciencia colectiva. Es muy emocionante. De pronto dos, tres, cuatro jóvenes se paran, se dan la vuelta y levantan las manos para detener a los fugitivos. “Hay que volver y luchar”, gritan. Y rompen a cantar de nuevo el himno nacional: namutu namutu wa yahi al-watan, moriremos moriremos para que viva la patria. Seis de cada diez vuelven sobre sus pasos para continuar la pelea a cuerpo desnudo. En ese momento no lo sabemos, pero este gesto cobra retrospectivamente todo su sentido: Ben Alí ha sido vencido por un pueblo que ha descubierto el valor de las matemáticas.

Diez es más que uno; cien es más que diez. Y el del relato: hay un momento en el que es necesario marcar el climax, introducir un poco de retórica, respetar las convenciones. Los jóvenes cantan, arengan y el pueblo se gira, combate y vence.

A partir de las 16 h. los acontecimientos se precipitan. Un vandalismo certero saquea y destruye en Gammarth las casas y muebles de la familia Trabelsi, dueña del país; se incendian comisarías en la Goulette; se lucha en Le Kram y en otros puntos de la ciudad. A media tarde se anuncia el estado de excepción con un toque de queda a partir de las 18 h. El ejército ocupa el aeropuerto y cierra el espacio aéreo. Miembros de la familia Trabelsi son arrestados. El dictador Ben Alí abandona Túnez en un avión con destino desconocido. A las 18.50 en el canal 7, el hasta entonces primer ministro, Mohamed Ghanouchi, asume la presidencia interina del país comprometiéndose a convocar elecciones. En algunas calles, soldados y ciudadanos se abrazan. El primer acto, la derrota del dictador a manos de su pueblo, se ha consumado.

No es fácil saber qué pasará ahora. El nuevo gobierno es en realidad el viejo decapitado y su presidente pertenece al mismo partido; y ni siquiera tiene legitimidad constitucional para ocupar el cargo. EEUU y la UE han dirigido sin duda las operaciones en la sombra. Y quedan rescoldos encendidos -una policía refractaria y quizás saqueadora.

Pero el viernes -cosa rarísima- hubo una victoria del pueblo y la menos previsible. El pueblo en el que menos se confiaba -un pueblo censado entre los vencidos y entregados- derrocó al dictador que más seguro se sentía. Podemos describir la lógica de las cosas, y es bueno hacerlo; pero jamás podremos saber en qué momento y por qué motivo suspende su dominio sobre el mundo. Los mismos que se rebelaban dignamente contra la oferta de Ben Alí, que quería venderles youtube a cambio de 66 muertos (finalmente más de cien), celebran hoy la victoria, pero desconfían y vigilan. Es que la conciencia de su dignidad, sus derechos y su fuerza es una felicidad siempre despierta.



El segundo día en Túnez: El pueblo organiza su defensa

El segundo día del pueblo tunecino se levanta con un cielo ancho y puro que aboveda aún más el silencio tenso que se ha apoderado de las calles. Mis amigos Ainara y Amín, después de una noche de terror refugiados en la casa de un obrero cerca de la Avenida Bourguiba, donde quedaron atrapados tras la manifestación del día anterior, vienen a refugiarse a casa. Traen los periódicos y no podemos dejar de echarnos a reír con pueril entusiasmo. De la noche a la mañana los diarios en árabe del régimen de Ben Ali han acusado la revolución. As-Sabah titula: “El pueblo ha dicho su palabra”. As-shuruq, más popular, es aún más rotundo: “La voluntad del pueblo ha triunfado”. Por primera vez en su historia, en la cinta donde figura el equipo de redacción se ha añadido una frase: “diario independiente de la mañana”. Es como si el ABC encabezase su edición con un “¡viva Fidel!”.

Cuando salimos a la calle salimos ya a otro país. Son los mismos árboles, las mismas casas, las mismas gentes, pero en un mundo paralelo, en otra dimensión clónica en la que todo es exactamente distinto de su gemelo. Todo está mudo y muy pocas personas circulan por las calles de Mutuelleville. Las tiendas están cerradas; también, por supuesto, el Magazin General, que en cualquier caso, y al contrario que otros supermercados, no ha sido ni saqueado ni quemado. Encontramos finalmente una tiendecita abierta en la espalda de un edificio, junto a Charles Nicole. Una veintena de personas se agolpan frente al mostrador. Algo ha cambiado: no hay leche ni harina ni pan. Pero no es esto lo importante. La gente está -cómo decirlo- mejor educada; es más delicada, más respetuosa. No hay golpes ni empujones, no obstante el desabastecimiento y la necesidad de llevar alguna vianda a casa. Todos esperan su turno, preguntan con serenidad, se intercambian informaciones. En diez minutos hacemos una profunda amistad con una familia que expresa su alivio por la partida del dictador. Nos abrazamos. En una bolsa llevamos una botella de schweps, dos de zumo de naranja, un botecito de dentífrico, dos chocolatinas y una lata de sardinas.

En Place Pasteur, la poca gente que pasa saluda al retén militar, rodeado de alambrada de espino, que hace guardia en la entrada del Belvedere. Todos estamos tensos, tenemos miedo, pero al cruzarnos nos intercambiamos un saludo. En cada desconocido, de algún modo, reconocemos algo común, una amistad de otro tiempo que queremos verificar con este “aslema” tímido y sonriente.

Luego, hacia las dos de la tarde, la jornada se vira. Empiezan a llegar noticias de grupos armados que, en coches sin matrícula, entran en los barrios de la capital y disparan indiscriminadamente, asaltan las casas y las saquean. Los vecinos se organizan, armados de palos, para defender sus zonas. En nuestra propia calle una pandilla que esgrime cuchillos es rechazada por los habitantes de las casas contiguas, que me dicen que han pedido ayuda a la policía. Munquid, que vive en el garaje de al lado y que se ocupa de regarnos las plantas en verano, me asegura, palo en ristre, que defenderá también nuestra casa.

Tras el toque de queda, que entra en vigor a las 17 h., la situación se vuelve angustiosa. El helicóptero militar que vuela desde la noche anterior por encima del barrio, con su luz roja giratoria y su sirena, rozando los tejados, pasa y pasa una y otra vez. Ayer me irritaba su rugido insistente; hoy me irrita más no oírlo. Los barrios de Túnez han organizado comités de autodefensa coordinados con el ejército para neutralizar a los “tonton macute” de Ben Ali: 3000 policías, se dice, que el día anterior habrían causado la muerte de cien personas y que horas antes han disparado sobre el Café Saf-Saf, en La Marsa, centro populoso de esparcimiento de nativos y turistas.

En casa, a partir de las 10 de la noche, mientras se escuchan a lo lejos, en Montfleury y Hay el-Khadra, ráfagas aisladas de metralleta, Amín organiza en casa un centro de información; una especie de teleoperador de guerra que se comunica con los distintos frentes a través de internet. Meher, Heyfel y Tarek están en Mourouj, Sofien en el Bardo, Taha en el Menzah, Mehdi en Cité el-Khadra, Amine y Radhouan en Kabaria, Amir en Ariana. Todos reportan minuto a minuto las evoluciones de la lucha sobre el terreno. Entre los barrios se ha organizado una especie de competencia para ver cuál de ellos detiene más coches de asesinos. La victoria por el momento es de Mourouj, donde se han arrestado diez. Es verdad que el pueblo unido jamás será vencido y si a veces parece una exageración lírica o retórica es por que no hay suficiente pueblo o no está suficientemente unido.

Hay tensión, miedo, angustia, pero también determinación en la victoria. Lo que parecía una revolución cabalgada por un golpe de Estado se está convirtiendo poco a poco en una guerra. Inquieta un poco leer los periódicos occidentales -los de España, pero también Le Monde o Liberation en Francia- y descubrir que no describen la situación en sus justos términos. Hablan de disturbios, de motines, algunos insinúan la presencia de elementos salvajes del benalismo, pero no dicen lo que verdaderamente está ocurriendo: grupos de policías del dictador -y de las milicias de su partido- acompañados de mercenarios están tratando de doblegar al pueblo por el terror.

Pero el pueblo tunecino resiste. Una mujer exiliada en Francia decía que “el 14 de enero es nuestro 14 de julio”. Tiene razón. Lo que ha ocurrido en estos días en Túnez marca un viraje histórico que saca al mundo árabe en su conjunto de la sumisión a la que parecía condenado. Argelia, Egipto, Jordania, temen el contagio. Ya nada será igual: un clavo ha sido sacado no por otro clavo sino por una flor. Y nos hemos instalado ya en otra dimensión.

El segundo día del pueblo tunecino acaba lleno de incertidumbres y angustias, con batallas en las calles, rumores interesados difundidos por los mismos medios con los que los que el pueblo se informa y se defiende, con la conciencia de que esto no ha acabado y que aún hay que pelear.

Pero Mourouj 10, La Marsa 6, Cité Al-Khadra 5.

Túnez no se rinde.

Extraido de CALPU vía LaHaine.org


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La protesta tunecina llega a otros países árabes
Un desempleado se quema a lo bonzo en Argelia, Libia censura Youtube.- Los estudiantes se manifiestan en Yemen y los sindicalistas en Jordania.- Egipto dice que los temores de contagio son "absurdos"
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Actualización 15.30: Al menos 66 muertos por la represión en Túnez

Continuaron durante la noche y la mañana de hoy los choques, pese al toque de queda. Se reportan muertos y heridos de bala en varias ciudades.

Saqueos: Después de semanas de protestas, huelgas y de que las familias no reciben ingresos, el pueblo decide apropiarse de los alimentos que acapara la burguesía comercial.

Al menos 66 personas murieron en los choques registrados en Túñez, según un informe difundido hoy por la Federación Internacional de las Ligas de Derechos Humanos (FIDH). El presidente de la FIDH, Souhayr Belhassen, difundió la cantidad de víctimas mortales desde el inicio de las protestas y la represión.

Entre las nuevas víctimas del salvajismo policial y militar está un hombre que trabajaba como taxista, que murió hoy en el barrio de Ettadhamen, periferia de la capital, dijeron sus familiares.

Testigos reportaron disparos policiales esta mañana en la zona universitaria de Mannouba, en Hamman-Lif y en La Goulette, y el ejército se retiró momentáneamente del centro de la capital tunecina, donde permanecen unidades de la policía con camiones blindados en los puntos de mayor conflicto.

Se prevé que el ejército retorne por la noche, dado que dispone de mejor equipamiento nocturno que la policía para cumplir sus tareas represivas.

El diario Le Temps reportó que varios jóvenes resultaron heridos de bala ayer en Degueche, localidad ubicada en cercanías de Tozeur, en choques con fuerzas de seguridad. Los choques se produjeron cuando la policía intentó impedir una manifestación, entonces los activistas asaltaron e incendiaron edificios públicos.

Fuentes locales dijeron que fueron al menos dos los muertos por disparos durante la noche en Biserta.

En Sousse, tercera ciudad de Túnez, está en curso una huelga general, mientras fuentes locales dijeron que los disparos represivos dejaron varias víctimas mortales durante la noche, sin más precisiones.

Saqueos

Después de semanas de protestas, huelgas y de que las familias no reciben ingresos, el pueblo decide apropiarse de los alimentos que acapara la burguesía comercial. Grupos de pobladores saquearon comercios en Biserta, cerca de la ciudad de Túnez, cuando estaban desplegadas tropas en el lugar, según constató ANSA.

Testigos vieron a personas huir con alimentos y a otras con productos de primera necesidad, mientras en el camino que une Túnez con Biserta, donde fue incendiado un supermercado, fue también asaltada una fábrica.

Asímismo testigos reportaron saqueos en zonas del sur del país y en Hammam Chat fueron asaltados e incendiados comercios de lujo y una oficina del partido del presidente, Ben Ali.

En Solimen, una localidad donde están asentadas industrias, fueron incendiadas oficinas públicas, y se produjeron saqueos de comercios en Nabeul.

més info a La Haine

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[Túnez] Continuan las protestas y aumenta el número de asesinatos a manos de las fuerzas del orden

Protestas en Túnez | Foto: EFE

Al menos 14 muertos en los disturbios de este fin de semana en Túnez

Túnez, 9 ene (EFE).- Catorce personas murieron en los disturbios en protesta por el desempleo y la situación económica registrados este fin de semana en la región tunecina de Kasserín, cerca de la frontera de Túnez con Argelia, afirmó hoy en un comunicado el ministerio del Interior.
Mientras, el dirigente local de la oposición Ahmed Nejib Chebbi elevó a 20 el número de muertos en los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden.
Chebbi pidió a las autoridades tunecinas, en particular al presidente Zine El Abidin Benali, que intervenga urgentemente para poner fin a las hostilidades.
Otra fuente de la oposición dijo que los muertos en las localidades de Kasserín y Thela y en Regeb, en la región de Sidi Bouzid, ascienden ya a 35.
La misma fuente, que pidió el anonimato, afirmó que los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden prosiguen esta noche en Kasserín y que el presidente tunecino destituyó al jefe del estado mayor del ejército, general Rachid Benamar, y nombró en su lugar al general Ahmed Choubir.
Los desórdenes estallaron en diciembre cuando Mohamed Bouazizi, un joven de 26 años, se quemó a lo bonzo en la localidad de Sidi Bouzid para denunciar abusos administrativos después de que la policía le confiscara las frutas y legumbres que vendía en la calle, con el argumento de que carecía del permiso para esa actividad.
El joven, un desempleado con estudios superiores, falleció el pasado 4 de enero en un hospital de la capital tunecina, adonde fue trasladado.
Desde el día en que se quemó el joven comerciante se han producido incidentes y manifestaciones de solidaridad en numerosas localidades. EFE

Fuente ABC


Estalla un artefacto explosivo en el consulado tunecino de París

Un pequeño artefacto casero explotó en la entrada del consulado de Túnez en la región de París sin causar víctimas ni daños materiales de consideración, informaron fuentes diplomáticas.

El embajador de Túnez en Francia, Raouf Najar, denunció un "acto terrorista", mientras que las fuerzas de seguridad francesas calificaron el incidente de "pequeña explosión".

El artefacto, que explotó hacia las 05.00 hora local (04.00 GMT), provocó daños materiales mínimos en la fachada del inmueble.

Horas después, el consulado prosiguió con su actividad normal y la brigada de lo criminal de la policía judicial de París abrió una investigación.

En los últimos días, Túnez ha sido escenario de protestas sociales debido al desempleo y la mala situación económica, con varias víctimas mortales en los enfrentamientos entre manifestantes y policía.

Fuente Antena 3


ANTE LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS
Al menos 20 muertos en las protestas de Túnez, según la oposición

EFE  |  Túnez  | Actualizado el 09/01/2011 a las 17:11 horas
Al menos 20 personas murieron en los enfrentamientos registrados entre manifestantes y fuerzas del orden entre la noche del sábado y la mañana del domingo en la región tunecina de Kasserine, cerca de la frontera con Argelia, según un dirigente local de la oposición, Ahmed Nejib Chebbi.

El dirigente opositor afirmó que las víctimas fueron alcanzadas por balas disparadas por las fuerzas de seguridad.

Nueve de las víctimas se registraron en la localidad de Thela, donde fueron enterradas cuatro de ellas en presencia de unas 5.000 personas, mientras en la ciudad proseguían los enfrentamientos con las fuerzas del orden, que dispararon gases lacrimógenos para dispersar a la multitud, según fuentes locales.

Entretanto, en la localidad turística de Sousse, en la costa este de Túnez, unos 10.000 hinchas de fútbol atacaron a las fuerzas de seguridad al finalizar un partido entre dos equipos locales, según afirmaron testigos de los hechos.

Por otra parte, otra fuente local dijo que otra persona murió tiroteada esta tarde a unos 30 kilómetros de Sidi Bouzid.
La agencia de noticias tunecina TAP ha informado de sólo dos muertos y ocho heridos entre los manifestantes, que protestan por el desempleo y la mala situación económica del país, y de un número sin determinar de policías heridos, entre ellos tres en estado crítico.

Chebbi pidió a las autoridades tunecinas, en particular al presidente Zine El Abidine Benali, que intervenga urgentemente para poner fin a las hostilidades.

Los disturbios en Kasserine se desencadenaron después de que un joven de 26 años llamado Mohamed Bouazizi se inmolara a lo bonzo en protesta por lo que consideraba un abuso administrativo que le impedía vender verduras para ayudar económicamente a su familia.

El joven universitario no tenía trabajo debido al elevado desempleo entre los titulados en Túnez y sufrió graves heridas antes de morir por sus quemaduras el pasado 4 de enero.

Fuente Antena 3

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Noticias en Diagonal para saber más acerca de Túnez y Argelia:

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[ACTUALIZACIÓN] Disturbios en Túnez y Argelia

ACTUALIZACIÓN: Un muerto en las protestas de Argelia tras los disparos de la policía para disolver una manifestación en la ciudad de Ain Lahdjel. (Noticia en Europa Press
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Tras los enfrentamientos en Túnez, los disturbios se han extendido de manera espontánea por distintas ciudades argelinas. En Túnez las protestas se están notando en la calle y en Internet; todas las webs del régimen tunecino han quedado colapsadas por ciberataques. En ambos países las protestas son espontáneas.



FRANCE PRESSE | 07-01-2011
Un grupo de jóvenes tira piedras durante los enfrentamientos con la policía en un barrio de Orán, en Argelia.

Extraido de El País vía Klinamen:

La protesta social se extiende a una decena de ciudades de Argelia

Los disturbios se extienden en el Magreb tras los enfrentamientos registrados en Túnez

IGNACIO CEMBRERO - Madrid - 06/01/2011

Las protestas en Túnez se extienden a la vecina Argelia, el país más poblado y rico del Magreb. En la capital, en una decena de ciudades, entre ellas Boumerdes, y, sobre todo, en Orán, la segunda aglomeración urbana del país, cientos de jóvenes se enfrentaron muy violentamente a las fuerzas del orden a lo largo de la tarde del miércoles y, a veces, hasta la madrugada de ayer jueves.
El origen de la protesta no es tan preciso como lo fue en Túnez, pero sí es igual de espontáneo. Los primeros brotes de descontento surgieron el martes en Argelia, pero fue al día siguiente cuando los jóvenes, a veces encapuchados y provistos de palos o de barras de hierro, se apoderaron del centro de Orán y de al menos cuatro barrios de Argel, incluido el céntrico de Bab el Oued.
Se echaron a la calle para denunciar la subida de los precios de algunos productos básicos, como el aceite y el azúcar, destrozaron el mobiliario urbano, y apedrearon y lanzaron cocteles "molotov" contra edificios públicos, empezando por alguna comisaría como la de Bab el Oued. "El Estado seguirá subvencionando los productos de primera necesidad", se apresuró en declarar el ministro de Comercio, Mustafá Benbada, en un intento de acabar con la revuelta.
En Argelia la rebelión es más juvenil, menos masiva, y más violenta que en Túnez. Más allá de sus desencadenantes puntuales en ambos casos pone de relieve la desesperación de una juventud mayoritariamente en paro, que se considera sin futuro y oprimida por regímenes autoritarios aunque de distinto signo económico, liberal en Túnez y con reminiscencias socialistas en Argelia.
En Túnez la revuelta, que empezó hace tres semanas con la inmolación de un joven de 26 años cuyo carrito de vendedor ambulante fue volcado por la policía, continuó ayer con una huelga convocada por los colegios de abogados y que fue seguida por el 95% de los 8.000 letrados del país, según su decano Abderrazak Kilani. Cientos de ellos se concentraron en el vestíbulo del Palacio de Justicia de la capital bajo la atenta mirada de los antidisturbios que no intervinieron.
La policía sí actuó, en cambio, para apresar ayer de madrugada a uno de los más célebres blogueros, Hamadi Kalouicha, y a "El General", un rapero que compuso una canción cuya letra reza "Presidente, tu pueblo está muerto", según la web alternativa Nawaat.org. Decenas de personas menos conocidas han sido también detenidas en todo el país.
Pese a la represión policial, algunas de las figuras tradicionales de la oposición al régimen, a las que la revuelta pilló por sorpresa, están convencidas de que las protestas seguirán. Continuarán porque más allá de los "métodos bárbaros" de las fuerzas del orden "no ha habido respuesta del poder a las legítimas reivindicaciones de la población", declaró a la televisión "France 24" la abogada Radhia Nasraoui, presidenta de la ilegal Asociación de Lucha contra la Tortura.
Sihem Bensedrine, portavoz del ilegal Consejo Nacional de las Libertades y exiliada en Barcelona, se atreve incluso a vaticinar, en conversación con este corresponsal, que "estamos ante el fin del régimen del presidente Ben Ali". ¿Por qué? "Nunca en la historia contemporánea de Túnez un jefe de Estado ha sido tratado así por ciudadanos de a pie que por tradición y por miedo respetaban hasta ahora las instituciones", responde.
"Los eslóganes coreados masivamente en la calle demuestran el desprecio que inspira el régimen », prosigue Bensedrine. Las consignas más repetidas por los manifestantes son, según ella, "¡Ben Ali, cobarde!", "¡Ladrones, devolved el dinero al pueblo!", "¡Fuera los ladrones de Cartago!", la sede del palacio presidencial que Ben Ali ocupa desde hace 23 años.
Abdelatif Bensalem, un intelectual hispanófono exiliado en París, se lamenta, no obstante, que el régimen de su país cuente aún con el apoyo de Francia, Italia y España así como con el de EE UU, países a los que ha logrado convencer de que es un baluarte contra el islam radical. Ningún gobierno europeo ha condenado la actuación de la policía tunecina cuyos disparos causaron la muerte en Nochebuena de dos manifestantes en Mezel Bouzayane.
El secretario de Estado español para la UE, Diego López Garrido, hizo grandes esfuerzos durante la presidencia española para otorgar a Túnez el llamado "estatuto avanzado" del que goza Marruecos desde 2008 y que le convierte en socio privilegiado de Europa, pero no logró rematar la negociación.
IFEX, una ONG canadiense que apoya a la oposición tunecina, intentó celebrar en noviembre, en Madrid, una reunión de disidentes de dentro y de fuera del país, pero no pudo hacerlo porque el Consulado de España en Túnez no concedió visados a dos destacados adversarios de Ben Ali, según los organizadores.




Información en Al Jazeera acerca de los ciberataques a las páginas web del régimen tunecino.
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